Los peligros de generalizar

DAMASCO 2 157

Conozco gente para la que Islam y musulmán son sinónimos de intolerancia o, peor, de terrorismo religioso.

Una burka o un pañuelo en la cabeza de una persona les parece no sólo un adminículo incomodo, símbolo de atraso, sino toda una amenaza para la civilización occidental.

Todo el mundo tiene derecho a su opinión, incluso aquellos que no se basan en datos o argumentos concretos, sin importar lo desinformados que puedan estar.

Pero cuando opiniones de ese tono surgen de periodistas o “analistas” con espacios en TV y en otros medios de comunicación masiva nos topamos con un problema, en principio ético pero con profundas implicaciones prácticas.

Los recientes atentados mortales en Paris contra el semanario satírico Charlie Hebdo y un supermercado judío ha revuelto ese temor popular occidental hacia lo musulmán y al mismo tiempo demostrado cómo desde los medios se producen respuestas viscerales que no ayudan a aclarar el fenómeno de la radicalización en nombre de la fe musulmana.

El horror paraliza, dispara lo emotivo, aniquila el análisis.

Ignorancia compartida

Para los musulmanes, el peregrinaje a La Meca forma parte de uno de los aspectos fundamentales de su fe, los denominados pilares del islam.

La verdad es que muchos periodistas occidentales comparten la ignorancia de la masa y no son capaces de ir más allá de ese horror y la natural indignación.

En algunos casos diría que hay un elemento demagógico que los lleva amplificar los temores de ese colectivo al que destinan sus emisiones.

Así, se habla durante días de inexistentes “zonas vedadas” en Francia o Reino Unido donde los no musulmanes tendrían prohibida la entrada.

Se habla del grupo extremista autodenominado Estado Islámico o de Boko Haram de manera que resultan ser expresiones “lógicas” o “naturales” del islamismo.

Todos los musulmanes del mundo quedan cubiertos con la misma pintura que los muestra como intolerantes, violentos, bárbaros.

Al final, buena parte de la cobertura desde el mundo no musulmán deja claro que se trata de una guerra de civilizaciones, un nosotros contra ellos.

Claro que esos periodistas también gozan de ese derecho a la libre expresión cuya imprescindible defensa ratifica los eventos de París.

Pero difundir falsedades o medias verdades, además de antiético, implica una gran irresponsabilidad porque perpetúa la incomprensión del fenómeno de la violencia asociada a la religión e impide el acercamiento con el otro que también sufre una radicalización hecha a nombre de la fe en la que cree.

Pulso mediático

Cuando un estudioso del Islam tiene que pasar la mitad de una entrevista en una de las principales cadenas informativas de la televisión estadounidense en un pulso tratando de decir a quienes le entrevistan que en el mundo musulmán hay diferencias entre los países por su grado de desarrollo o el fundamentalismo con que interpretan su fe algo falla en el periodismo.

Una de las tantas entrevistas en la que Reza Aslam tuvo que luchar contra los estereotipos.

En el caso de Reza Aslam, un respetado experto en las religiones de la Universidad de California, sus frecuentes apariciones en televisión terminan siendo en más de una ocasión una experiencia defensiva, aun cuando él no sale en defensa de ningún extremismo ideológico o religioso.

Permanentemente Aslam pide a sus entrevistadores que se diferencien sociedades cerradas y autoritarias como Arabia Saudita, Pakistán o Irán, de países más modernos como Singapur o Bangladesh, los que considera que tienen indicadores sociales en ocasiones superiores al de naciones desarrolladas de Occidente.

No les convence el argumento de que el extremismo de algunos musulmanes causa más víctimas entre los mismos musulmanes, en parte porque sus acciones se desarrollan en países donde la fe es la mayoritaria.

Ni siquiera el caso del acceso de las mujeres al poder en Bangladesh pega entre algunos periodistas que no parecen estar por la labor de esparcir el conocimiento sino de ratificar fobias y lugares comunes a un público que en una buena porción ya padece de esas enfermedades intelectuales.

Los periodistas estamos para explicar, para reducir la incertidumbre, para iluminar y contrarrestar la ignorancia. Eso es informar, lo demás es demagogia o mala fe

Esta nota se publicó originalmente el Blog de los Editores de BBC Mundo el 27 enero 2015

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